ISBN: 9791370632533
SINOPSIS
En el cruce, el choque y, tras este, los caminos se bifurcan.
Para Pedro el quebranto:
En el cuartelillo de Amposta, la tarde de su detención; en el terrible interrogatorio al que lo sometieron, nada le preguntaron sobre el incendio, que probablemente ignoraban que hubiera ocurrido. Ellos tenían dos muertos en un pajar a medio kilómetro del cuartel, uno de ellos literalmente machacado a golpes y el otro desangrado; y a la resolución de esos crímenes se aplicaron. Le preguntaban por un dinero y joyas que creían que fue el móvil que lo llevó a asesinar a los del coche, y les había robado. No, sólo al principio, con los primeros golpes y zambullidas, si los mató él; no, porque del crimen se confesó autor en apenas dos horas. Le daba igual y, pensó que, así dejaría de pegarle el guardia bajo y ancho.
Para Manuel el comienzo de la fortuna… y seguir matando:
Retrocediendo dos pasos en diagonal para esquivar la violenta acometida, saca, veloz, una mano del bolsillo del pantalón, una mano que finaliza en una hoja metálica, brillante y corva como una media luna musulmana en la oscuridad de la calle; describe con ella un arco de circunferencia que, cuando finaliza, del cuello del gigantón de pelo negro rizado hace brotar un desmedido chorro de sangre. Se aparta el matador procurando no mancharse. Magnolia, amagada en el portal, con ojos excitadísimos, contempla la agonía del que hasta entonces fue su amante. Sale, mira a izquierda y derecha, hacia arriba a la ventana de la casa que ocupan los vecinos que volvían. Aunque tiene la persiana abierta, muestran la negra nada en su interior: no hay testigos, le parece. Limpia con un pañuelo unas gotas que, sobre el rostro, de la mortal herida del Maño a Manuel han salpicado. Le pide la navaja, la limpia y guarda envuelta en el pañuelo.
—Buena has liado, chico. Vuelve a la pensión, —saca la mano del bolso con una llave —, abre la puerta de la escalera, que nadie te vea, y métete en la cama. Yo voy a la policía.
Le entrega la llave no sin detenerse a apretar apasionada su mano. Le ha trasmitido una pasión.
ISBN: 9791370632533
Título: Ni gitanos, ni ladrones, ni murcianos… Tomo II
Fecha: 2026
Páginas: 284
SINOPSIS
En el cruce, el choque y, tras este, los caminos se bifurcan.
Para Pedro el quebranto:
En el cuartelillo de Amposta, la tarde de su detención; en el terrible interrogatorio al que lo sometieron, nada le preguntaron sobre el incendio, que probablemente ignoraban que hubiera ocurrido. Ellos tenían dos muertos en un pajar a medio kilómetro del cuartel, uno de ellos literalmente machacado a golpes y el otro desangrado; y a la resolución de esos crímenes se aplicaron. Le preguntaban por un dinero y joyas que creían que fue el móvil que lo llevó a asesinar a los del coche, y les había robado. No, sólo al principio, con los primeros golpes y zambullidas, si los mató él; no, porque del crimen se confesó autor en apenas dos horas. Le daba igual y, pensó que, así dejaría de pegarle el guardia bajo y ancho.
Para Manuel el comienzo de la fortuna… y seguir matando:
Retrocediendo dos pasos en diagonal para esquivar la violenta acometida, saca, veloz, una mano del bolsillo del pantalón, una mano que finaliza en una hoja metálica, brillante y corva como una media luna musulmana en la oscuridad de la calle; describe con ella un arco de circunferencia que, cuando finaliza, del cuello del gigantón de pelo negro rizado hace brotar un desmedido chorro de sangre. Se aparta el matador procurando no mancharse. Magnolia, amagada en el portal, con ojos excitadísimos, contempla la agonía del que hasta entonces fue su amante. Sale, mira a izquierda y derecha, hacia arriba a la ventana de la casa que ocupan los vecinos que volvían. Aunque tiene la persiana abierta, muestran la negra nada en su interior: no hay testigos, le parece. Limpia con un pañuelo unas gotas que, sobre el rostro, de la mortal herida del Maño a Manuel han salpicado. Le pide la navaja, la limpia y guarda envuelta en el pañuelo.
—Buena has liado, chico. Vuelve a la pensión, —saca la mano del bolso con una llave —, abre la puerta de la escalera, que nadie te vea, y métete en la cama. Yo voy a la policía.
Le entrega la llave no sin detenerse a apretar apasionada su mano. Le ha trasmitido una pasión.