El sueño de los espejos

ISBN: 9791370632250

SINOPSIS

Domingo, 30 de septiembre de 1596
Isla de San Salvador

El caballo sabe quién es caballero y quién no. Le enseñaron que el olor de fraile o de noble no es igual al de cuarterón o zambo. Por eso acepta cualquier posadera menos la de indio, mestizo o negro.

Solo Ñeque, el diablillo que nació entre sus patas, puede acariciarle el hocico y darle de comer granos de maíz que toma de su mano sin tocarla.

El amo, que es dios en estas tierras, pone nombre a las cosas, a los animales y a los hombres. A Ñeque le tocó ser Ñeque nada más nacer, porque traía dientes en la boca y el ombligo botado hacia afuera.

Aprendió a correr como él, a espantar las moscas y a morder los piojos que le habían dejado el cuerpo lleno de llagas.

No tiene alma, porque la perdió al abrir los ojos, pero sabe que la lluvia es buena porque le alivia las heridas. Que el sol tiene manos con las que frota su cuerpo. Que las estrellas son como muchachas vestidas de blanco. Que la noche no existe sin el día, como no existe la memoria sin el recuerdo.

También sabe que el mundo termina aquí, donde empezó todo.

Viejo caballo. Viejo mundo.

Ñeque los mira de reojo y sonríe. Los dos se despiden relinchando.

De El vientre del pez.

Categoría

ISBN: 9791370632250
Título: El sueño de los espejos
Fecha: 2026
Páginas: 270

SINOPSIS

Domingo, 30 de septiembre de 1596
Isla de San Salvador

El caballo sabe quién es caballero y quién no. Le enseñaron que el olor de fraile o de noble no es igual al de cuarterón o zambo. Por eso acepta cualquier posadera menos la de indio, mestizo o negro.

Solo Ñeque, el diablillo que nació entre sus patas, puede acariciarle el hocico y darle de comer granos de maíz que toma de su mano sin tocarla.

El amo, que es dios en estas tierras, pone nombre a las cosas, a los animales y a los hombres. A Ñeque le tocó ser Ñeque nada más nacer, porque traía dientes en la boca y el ombligo botado hacia afuera.

Aprendió a correr como él, a espantar las moscas y a morder los piojos que le habían dejado el cuerpo lleno de llagas.

No tiene alma, porque la perdió al abrir los ojos, pero sabe que la lluvia es buena porque le alivia las heridas. Que el sol tiene manos con las que frota su cuerpo. Que las estrellas son como muchachas vestidas de blanco. Que la noche no existe sin el día, como no existe la memoria sin el recuerdo.

También sabe que el mundo termina aquí, donde empezó todo.

Viejo caballo. Viejo mundo.

Ñeque los mira de reojo y sonríe. Los dos se despiden relinchando.

De El vientre del pez.

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