Killian Barrera aprendió temprano que las definiciones son una forma discreta de encierro.
Observa más de lo que dice, recuerda más de lo que debería y desconfía de las versiones simples de las cosas.
Cree que algunas historias no se cuentan para ser entendidas, sino para acompañar a quien las lee en el momento exacto de su vida.
Este libro es una de esas coincidencias.