Adolfo Pérez Sánchez
A veces, me siento todavía ese niño gordo y noblote de las fotografías familiares.
Niño feliz, fui luego un joven crédulo en extremo.
Emigrante en Francia, estudiante en Talavera, en Madrid y en otras mil orillas.
Padre y casado, hace tiempo que vivo conforme.
Yo tampoco he logrado cambiar el mundo.
Sin embargo, todavía tengo sueños, incluso ahora, con el ocaso tan cerca.
Realizo tareas que me gustan y disfruto de cada instante.
Ya no temo nada, al menos nada natural, por doloroso que sea.
¿Para cuándo el futuro…?