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Autor

Amanda Montiel

Nací en una ciudad sin mar, siendo amante del océano. Abrí los ojos un 29 de octubre a principios de otoño, cuando mi estación favorita es el verano. No me gustan los cumpleaños y odio el frío. Soy fan de ser buena gente, de ser auténtica, de decir te quiero a las personas que me importan y de abrazar mucho. Me he enamorado más de una vez y me han roto el corazón otras tantas. La primera vez que me preguntaron que quería ser de mayor dije que presentadora de televisión, supongo que porque de pequeña ya hablaba mucho y me encantaba comunicarme con la gente. Después empecé a escuchar las cintas de cassette con los audiocuentos infantiles y me di cuenta de que me gustaba aprenderme los diálogos y reproducirlos a la vez que los personajes con mis propias voces, quizá ahí, sin saberlo, ya estaba practicando el arte del doblaje, que años más tarde estudié. En mi primera vez en un cine, me di cuenta de que yo quería estar en esa pantalla interpretando personajes, porque siempre he pensado que una vida se me queda corta, y yo quería vivir mil vidas diferentes. En el cole escribía cuentos, poesía, pintaba y dibujaba. No se me daba mal y gané algunos concursos. Escribir desde pequeña siempre ha curado mis heridas y ha sido una forma de expresarme al mundo. Me gusta cantar, de hecho, quería ser una pop star mundial, pero de momento no ha podido ser. No puedo vivir sin chocolate y sin reírme. Me encanta viajar, el té matcha y tomar vino los fines de semana. Soy un alma libre. El arte siempre me ha salvado de este caótico mundo, sobre todo del desamor. Tengo cuatro perros adoptados en casa y los amo. Si te has quedado hasta el final de esta biografía, gracias, este libro también va dedicado a ti, y ojalá no hayas tenido que sufrir mucho por un fucking love, si no, no te preocupes, te entiendo, quédate conmigo, no estás solo, y espero que mis historias te sirvan, al menos para pasar un buen rato, evadirte, reír y hacerte reflexionar.

Jugaba a Barbies, todas tenían nombres americanos y me inventaba aventuras muy randoms, pero divertidas, ahí vi que eso de los guiones se me daban bien.
Tenía uno o dos Kens. Demasiadas mujeres, ja ja ja, como diría C. Tangana en su canción, e inventaba historias de cuyo año no quiero acordarme porque no me gustan los cumpleaños. Llevaba la palabra arte tatuada en mi ADN porque no recuerdo, y ha sido siempre lo que me ha salvado de este caótico mundo loco.
Nunca me he sentido integrada en esta sociedad movida por cánones y formas de vivir que no conectan conmigo. Siempre me he sentido un alma libre
Licenciada en Arte Dramático y Doblaje, habiendo estudiado también, RRPP, Publicidad y Marketing en Barcelona.

Ha escrito …