Las vidas ocultas de un sacerdote y un general golpista

ISBN: 9791370545864

SINOPSIS

Desde niño, Maximiliano Rondón intuyó que su destino no le pertenecía. Su padre, un hombre de voluntad férrea, le impuso el seminario como quien impone un castigo, como quien exorciza un pecado aún no cometido. La vocación no brotó en él por convicción, sino por mandato. Pero ni la sotana ni la doctrina pudieron contener la fuerza vital que bullía en su interior. Dotado de una inteligencia aguda y un magnetismo que cautivaba tanto en el púlpito como fuera de él, Maximiliano se forjó como un sacerdote distinto: comprometido con la justicia social, defensor de los indígenas y voz incómoda para los poderosos. Sin embargo, su carisma no solo despertaba la admiración de los feligreses; las mujeres lo miraban con un fervor que trascendía lo religioso. El, desgarrado entre la culpa y el deseo, sucumbía una y otra vez a la tentación. Sus aventuras amorosas no fueron simples deslices, sino pasiones intensas y clandestinas. Fue padre —seis vces padre— y, con el paso del tiempo, se vio atrapado en una maraña de secretos para ocultar su doble existencia. Mantenía dos hogares con la misma devoción con que ofi ciaba misa, administrando sus afectos con una destreza que rozaba lo sobrenatural. Y, pese al escándalo que acechaba, se erigió como un padre ejemplar: su autoridad no se sustentaba en la imposición, como la de su progenitor, sino en el respeto mutuo y la aspiración de un futuro mejor para sus hijos. Uno de ellos, Carlos Ruperto, heredó el temple. de su padre, pero orientó su rebeldía hacia la política. Se unió al general Juan Velasco Alvarado en su empresa revolucionaria, convencido de que el Perú necesitaba una transformación radical. La reforma agraria —ese sueño largamente postergado— se hizo realidad bajo la sombra de las bayonetas y los decretos. Mientras tanto, Maximiliano —el sacerdote que nunca quiso serlo, el hombre desgarrado entre la fe y el deseo— contemplaba desde la distancia cómo su descendencia alcanzaba el poder que él jamás anheló, pero que, irónicamente, había ayudado a construir.Desde niño, Maximiliano Rondón intuyó que su destino no le pertenecía. Su padre, un hombre de voluntad férrea, le impuso el seminario como quien impone un castigo, como quien exorciza un pecado aún no cometido. La vocación no brotó en él por convicción, sino por mandato. Pero ni la sotana ni la doctrina pudieron contener la fuerza vital que bullía en su interior. Dotado de una inteligencia aguda y un magnetismo que cautivaba tanto en el púlpito como fuera de él, Maximiliano se forjó como un sacerdote distinto: comprometido con la justicia social, defensor de los indígenas y voz incómoda para los poderosos. Sin embargo, su carisma no solo despertaba la admiración de los feligreses; las mujeres lo miraban con un fervor que trascendía lo religioso. El, desgarrado entre la culpa y el deseo, sucumbía una y otra vez a la tentación. Sus aventuras amorosas no fueron simples deslices, sino pasiones intensas y clandestinas. Fue padre —seis vces padre— y, con el paso del tiempo, se vio atrapado en una maraña de secretos para ocultar su doble existencia. Mantenía dos hogares con la misma devoción con que ofi ciaba misa, administrando sus afectos con una destreza que rozaba lo sobrenatural. Y, pese al escándalo que acechaba, se erigió como un padre ejemplar: su autoridad no se sustentaba en la imposición, como la de su progenitor, sino en el respeto mutuo y la aspiración de un futuro mejor para sus hijos. Uno de ellos, Carlos Ruperto, heredó el temple. de su padre, pero orientó su rebeldía hacia la política. Se unió al general Juan Velasco Alvarado en su empresa revolucionaria, convencido de que el Perú necesitaba una transformación radical. La reforma agraria —ese sueño largamente postergado— se hizo realidad bajo la sombra de las bayonetas y los decretos. Mientras tanto, Maximiliano —el sacerdote que nunca quiso serlo, el hombre desgarrado entre la fe y el deseo— contemplaba desde la distancia cómo su descendencia alcanzaba el poder que él jamás anheló, pero que, irónicamente, había ayudado a construir.

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ISBN: 9791370545864
Título: Las vidas ocultas de un sacerdote y un general golpista
Fecha: 2026
Páginas: 240

SINOPSIS

Desde niño, Maximiliano Rondón intuyó que su destino no le pertenecía. Su padre, un hombre de voluntad férrea, le impuso el seminario como quien impone un castigo, como quien exorciza un pecado aún no cometido. La vocación no brotó en él por convicción, sino por mandato. Pero ni la sotana ni la doctrina pudieron contener la fuerza vital que bullía en su interior. Dotado de una inteligencia aguda y un magnetismo que cautivaba tanto en el púlpito como fuera de él, Maximiliano se forjó como un sacerdote distinto: comprometido con la justicia social, defensor de los indígenas y voz incómoda para los poderosos. Sin embargo, su carisma no solo despertaba la admiración de los feligreses; las mujeres lo miraban con un fervor que trascendía lo religioso. El, desgarrado entre la culpa y el deseo, sucumbía una y otra vez a la tentación. Sus aventuras amorosas no fueron simples deslices, sino pasiones intensas y clandestinas. Fue padre —seis vces padre— y, con el paso del tiempo, se vio atrapado en una maraña de secretos para ocultar su doble existencia. Mantenía dos hogares con la misma devoción con que ofi ciaba misa, administrando sus afectos con una destreza que rozaba lo sobrenatural. Y, pese al escándalo que acechaba, se erigió como un padre ejemplar: su autoridad no se sustentaba en la imposición, como la de su progenitor, sino en el respeto mutuo y la aspiración de un futuro mejor para sus hijos. Uno de ellos, Carlos Ruperto, heredó el temple. de su padre, pero orientó su rebeldía hacia la política. Se unió al general Juan Velasco Alvarado en su empresa revolucionaria, convencido de que el Perú necesitaba una transformación radical. La reforma agraria —ese sueño largamente postergado— se hizo realidad bajo la sombra de las bayonetas y los decretos. Mientras tanto, Maximiliano —el sacerdote que nunca quiso serlo, el hombre desgarrado entre la fe y el deseo— contemplaba desde la distancia cómo su descendencia alcanzaba el poder que él jamás anheló, pero que, irónicamente, había ayudado a construir.

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