Autor

Para toda la gente que me conoce, soy un recuerdo inacabado. Muy joven, abandoné la normalidad del trabajo rutinario, del que nunca debí salir, para sumergirme en proyectos discordantes con la estabilidad económica (y, consecuentemente, afectiva): disciplinado en el inicio y brillante e imprevisible en el desarrollo, ocultaba un proclive fugitivo en el desenlace que terminaba confundiendo a mis compañeros de viaje. Siempre quise defenderme con la expresión «en toda gran obra, la persona que la inicia no es la misma que la termina», pero guardé un elocuente silencio ante la exigua envergadura de mis proyectos. Solo el humor y la literatura, y concretamente este primer libro, pueden obrar el milagro y convertirme en una persona para el recuerdo.
5/5
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